Tres enemigos del ser humano.

1. Miedo: que nos impide crecer y alcanzar resultados. El miedo es terrible porque la sensación de frustración y desazón es grande. Nos gustaría hacer algo, pero ese “miedo”, muy a nuestro pesar, nos paraliza y no nos deja avanzar. Aquí citamos al libro estrella de Pilar Jericó que lleva por título “No miedo”. Todos tenemos miedo, la diferencia es que unos los superan y otros no. Lo hemos dicho muchas veces: “La valentía es hacer lo que se tiene que hacer, aunque se haga con miedo”. El cobarde muere muchas veces antes de estar muerto.
¿Cómo superarlo? Primero, no te creas el ombligo del mundo ni te tomes demasiado en serio porque nadie más lo hace. Segundo, prepárate duro. ¿Tienes que dar una conferencia, una clase, hacer una presentación…? Las primeras veces dedícale mucho tiempo y verás cómo sale bien y aquello que creías horrible no es para tanto; poco a poco te irás sintiendo más cómodo, ganarás confianza y le dedicarás menos tiempo. Tercero: rodéate de gente con actitud positiva que quite hierro a los asuntos. Con optimismo la vida se ve de otra manera.
2. Envidia: un tema del hemos hablado largo tendido aquí. El post “La gestión de la envidia” es el que más comentarios ha tenido. El envidioso es profundamente desdichado porque nunca está contento. Su gran error: compararse con los demás y como siempre hay alguien que tiene mejor casa, o mejor coche, o mejor yate… pues lo pasa mal. Lo decía Unamuno: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. El envidioso nunca está saciado y se retuerce por dentro sabiendo que otros acumulan más.
¿Cómo superarla? No mires demasiado a los lados (ver post con el mismo título) y disfruta mucho de lo que tienes. Recuerde que en todos los lados cuecen habas y que tras la puerta de cualquier casa, hay penurias y miserias. Si las conocieses, tal vez no te cambiarías por ellos. ¿Te acuerdas de la historia del almacén de las cruces? Aquí le dejo el link. No dejes de leerlo.
3. Orgullo: que nos impide reconocer carencias y, por tanto, corregir aspectos y mejorar. Se ven los errores como rasgos de debilidad y entonces se prefiere ocultarlos. La sensación de hacer el ridículo nos invade y preferimos quedarnos como estamos: Mediocridad disimulada a posibilidades de crecimiento.
¿Cómo superarlo? Primero, hay que aprender a escuchar y también a no escuchar y hacer oídos sordos a las críticas de las demás. Hagas lo que hagas te van a criticar y si no haces nada también, porque algo deberías haber hecho (ver post “No temas a las críticas”). Segundo, ser humilde y no creerte nadie ayuda a reducir la presión de dar una imagen impecable y exquisita a cada instante y te permite concentrarte en mejorar. Tercero, reconocer carencias humaniza. A todo el mundo (sobre todo empleados) le gusta ver que otros (los jefes) también son de “carne y hueso”. Ello facilita el trato con los demás.

Fuente: Francisco Alcaide

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